Hace tiempo que no encuentro
diferencias entre una mañana de sol y una tarde de lluvia.
Hace tiempo que me da igual que
sea lunes 8, que martes 13 o viernes 26. Hace tiempo que los fines de semana no
tienen ese brillo especial para mí.
Hace mucho tiempo que los días
pasan como las hojas de un libro que aburre. Sin que haya nada en ellos por los
que merezca la pena recordarlos. Sin diferenciar las semanas, sin notar que
cambiamos de mes.
Hace tiempo que no oigo cuando me
hablan, que no observo nada cuando miro, que no siento físicamente nada. Mis
sentidos parece que se han ido de vacaciones y ni siquiera han tenido el
detalle de llevarme con ellos.
Hace tiempo que cuando suena la
alarma por la mañana no me despierta, sino que me adentra de nuevo en una
pesadilla de la que solo escapo cuando cierro de nuevo los ojos.
Hace mucho tiempo que me cuesta
encontrar fuerzas para encajar piezas y seguir con un rompecabezas que parece
que nunca se acaba de resolver.
Hace tiempo que me siento sola
cuando voy entre multitudes, que siento frío en los sitios más cálidos que se
puedan encontrar. Que me siento incómoda tratando de disimular. Hace tiempo que
las miradas o las palabras no pueden hacerme más daño, que no las tomo en
cuenta porque ya están repetidas.
Hace tiempo que estoy tratando de
entender que el mayor error del ser humano es tratar de sacar de la cabeza
aquello que no sale del corazón. Aunque lo que esté en el corazón sea otro de
los mayores errores, pero este es sólo mío.
Hace mucho tiempo que mi sonrisa
trata de ocultar todo esto, y ya no puede estirarse más. Que mis palabras no
pueden buscar más serenidad en su pronunciación, ni presentarse a más concursos
de disfraces.
Hace mucho que la felicidad y yo
estamos peleadas, se debió de molestar cuando la confundí con otra...como se
llamaba? Ah sí! La Señorita Mentira, con todos y cada uno de sus apellidos.
Será que hace tiempo que no
reconozco a la que sale en el espejo cuando me miro, no reconozco sus ojos, ni
veo a Belén ni Belentina. Espero que no seas una tercera, que con estas dos ya
tengo más que suficiente. Gracias.
Hace mucho tiempo que mis mañanas
soleadas, mis viernes 13 y mis fines de semana se resumen a todo esto. Hace
también mucho tiempo que lo sé, que probablemente sean las mañanas, viernes y
fines de semana más tristes de todos los que tengo archivados por orden en mi
memoria. Pero también sé que los apuntes que estoy cogiendo y todo lo que llevo
aprendido no va a pasarse por alto. Y que el día menos pensado os traeré a una
nueva, esa tercera de la que estábamos hablando.
Dalí. La persistencia de la memoria (1931)
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