El día de mi cumpleaños siempre es así.
Te levantas, la gente que ya está despierta durante un rato no se acuerda de que es tu cumpleaños hasta que estás el leyendo el primer mensaje estándar de todos los años en tu móvil, y te entretienes en contestarlo con la respuesta estándar de todos los años. Comes (sola como todos los años). Te vas a las tres y media de casa, llegas a otro sitio, te zampas algo dulce, vuelves tarde a casa a la cena familiar. La gente se va pronto y tú te vienes al ordenador a ver más mensajes como el primero que has leído en todo el día.
Que sigo sin entender porque todos te dicen que pases un día genial, pues como todos los demás, que pensabas!
Se puede apreciar que no me gusta mucho el día de mi cumpleaños.
Y es cierto, aunque sólo en parte.
Esos mensajitos que puedo leer con los ojos cerrados porque todos son iguales. Llamadas o felicitaciones que no esperabas, que no querías esperar y que deseas esperar. Hay de todo. Los abrazos fuertes y los besos sonoros, me encanta que un abrazo suene. El cumpleaños feliz al que se unen un montón de desconocidos, los deseos que se piden antes de soplar velas y de los que, pasados unos días, ni te acuerdas.
Aunque presiento que el de este año es demasiado grande como para poder olvidarlo.
Creo que este ha sido a pesar de todo un feliz cumpleaños desde hacía unos cuantos. Compartir unas velas encima de una palmera de chocolate con las personas que tanto han significado para mi durante este año. Con las que he compartido grandes momentos, de las que tengo muy buenos recuerdos y de las que creo firmemente que son tan especiales que, con sólo ver su sonrisa, tu día ha cambiado radicalmente a mejor.
Como mención a los 22 años, lo que me hacía gracia de ellos al principio era lo de los dos patitos y que, a lo mejor, poco más esperaba de ellos. Pero he de reconocer que ayer a las 12 me daba cuenta de cómo había cambiado de un año a otro. Y que esta película es infinitamente mejor. Y está sólo en los mejores cines.
23 añitos.
La mitad de 46, del gran 46. La otra mitad hoy está triste.
Para despedir el día sólo me hubiera gustado que en las noticias no se hubiesen visto imágenes de la despedida de un piloto de pelos rizados, que hubieran dicho por ejemplo que todo se quedaba en un susto, que en Valencia lo veríamos haciendo de las suyas. Pero el 58 nos ha dejado, a lo mejor como dicen, porque era tan perfecto que no podía vivir entre los humanos. O simplemente porque se cansó de hacer de las suyas aquí y estará en otro lado, haciendo carreras como sólo él sabía, pilotando, haciendo las cosas a su manera. Sin pensar en lo que decían los demás. Siendo realmente feliz y disfrutando de cada instante, que al fin y al cabo, eso es lo que todos podemos llevarnos de esta vida.
#CiaoMarco
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