Suerte. Encadenamiento de sucesos considerado como fortuito o casual.
Siempre me han dicho que soy un poco supersticiosa, que doy importancia a algunos detalles que en realidad no la merecen, que soy una especie de brujilla, que estas cosas de la suerte y el destino no son tan fácilmente demostrables…
Mi primer contacto con la suerte fue en mi tierna infancia durante los veranos cuando, de manera fortuita o casual si así lo preferís, siempre acababa con un miko-lápiz o un polo Popeye premiado en el palito. Sí, de verdad. En múltiples ocasiones el helado premiado era el mío, no el de mi hermana que me miraba con recelo intentando descubrir por qué coño el premiado siempre era el mío.
Los siguientes contactos fueron más chungos, tuvieron que ver con los concursos. El primero que gané era del programa infantil “Megatrix”, aunque todavía estoy esperando la camiseta cutre de algodón que tenía como premio. El otro fue más traumático, entre unas 40.000 personas opté a dos entradas para ir a ver al protagonista de mi gran pasión, Valentino Rossi, pero mi minoría de edad me fastidió bastante y me obligó a ceder el premio a otra persona.
Desde entonces mi superstición se vio sorprendentemente aumentada, entrando en juego un factor muy importante que hasta entonces no había tenido muy presente. No estoy plenamente de acuerdo con esa definición que os he puesto al principio, me gusta hablar más del destino que de las casualidades.
En realidad, hasta el 17 de enero de este año no he sabido realmente lo que significaba la suerte. Hacia las 15:00 horas de ese día iba con una cara de susto en el metro que se me tuvo que notar, seguro. Cuando llegue a la parada pensaba en el bendito momento en el que me apunté al que, en aquel momento, era para mí un “experimento con ratillas gorditas” y cuando llegué al Polideportivo Antonio Díaz me tranquilizó ver y saber que el resto de ratillas estaban igual que yo.
El primer día estuvo bien, con alguna que otra primera impresión que después fue errónea y con la esperanza de que todos los días fueran como ése. El segundo fue mejor, porque a las 4 estaba lejos del gimnasio y el tercero fue para recuperar el tiempo ya perdido en la primera semana de algo que parecía tener un final lejano y que, llegado ahora ese final, se ha pasado en un suspiro.
En seis meses he aprendido a apreciar de verdad la suerte, la suerte de conocer a unos compañer@s geniales, trabajadores, motivadores, alegres... La suerte de tener unos personal trainners profesionales y atentos donde los haya, aunque cuando se acercaban con dos pesos de 10 kilos en cada mano los mirabas como de otra manera… la suerte de aprender a cambiar lo que quiera, a cambiar de hábitos y a no refugiarnos en excusas, a que si quiero, puedo.
Esto sí es suerte y no lo de los palitos de helado premiados, aunque esos helados contribuyeron de alguna manera en el destino que, unos cuantos años después, me ha llevado al proyecto de investigación más genial y especial que un Ministerio pudiese financiar!!
Hoy es el último día de este proyecto, pero sólo es el final de una pequeña etapa, del calentamiento por así decirlo. Ahora empezamos la carrera de verdad, en la que tenemos que aplicar todo lo que hemos aprendido, que la paciencia del Laboratorio no haya caído en saco roto, y sobre todo de demostrar que todo, que nuestro destino, depende únicamente de nosotros.
Por si me ido por las nubes, sólo aclarar una última cosa.
GRACIAS.
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